diumenge, 25 de desembre de 2016

Feliz Navidad y cinéfilo año nuevo


En primer lugar, desde Cinezin queremos mandar a todas las personas que hacéis posible que esta pequeña web de cine siga en pie un fuerte abrazo lleno de pasión, gratitud e ilusión. 

Quizá nos repetimos si decimos que sin vosotros no existiríamos, pero, para explicar tal convencional frase queremos especificar a quién nos referimos con 'vosotros'. Este término tan general, a Cinezin nos referimos a: todas las personas que nos seguís por nuestras redes sociales Facebook, Twitter, Instagram, Google+, Youtube y Pinterest. También a todas esas personas que interactuáis con nosotros mediante un mensaje, un tuit o un simple 'me gusta'. Igualmente nos referimos con 'vosotros' a todas esas personas que habéis escrito alguna vez en Cinezin o nos habéis conocido en persona o habéis debatido sobre cine con nosotros. Asimismo, todas las distribuidoras de cine que nos habéis abierto la puerta a vuestras bases de datos y pases de prensa forman parte de este gran 'vosotros' así como, también, todos esos blogs que nos conocemos gracias a los Blogos de Oro. 

A todas estas personas y a los nuevos que entréis a Cinezin os deseamos una Feliz Navidad y un grandísimo año nuevo, esperemos, cinéfilo. Este año hemos vivido emociones muy diversas, experiencias muy gratificantes y hemos podido seguir creciendo profesionalmente y como web. No obstante, hemos pasado momentos difíciles de los cuales hemos aprendido para levantar cabeza y seguir adelante.

Este 2016 hemos cumplido nuestro primer año de existencia en la red y pudimos celebrarlo de una manera discreta, pero tal y como queríamos, sin ser ambiciosos. Como bien sabéis, Cinezin nace por la pasión de un joven aprendiz de cine y periodista de recoger sus opiniones sobre películas en una web y hacerlas públicas para que quien quiera leerlas, pueda. De este modo, nuestro único objetivo es que una vez entréis en Cinezin, volváis otro día para saber qué tenemos de nuevo. Y, con esto, de cara al 2017 nos proponemos una serie de metas

1. Mejorar la calidad de nuestras críticas y contenidos diversos.
2. Mantener una regularidad y tener más actividad.
3. Cambiar el diseño a uno más interactivo y legible.
4. Conseguir nuevas promociones y colaboraciones en más actos cinéfilos.
5. Este último es un poco ambicioso, pero queremos llegar a los 2.000 seguidores en Twitter -nuestra red social más activa- para que ese 'vosotros' sea todavía más grande y podamos volver a agradecéroslo. 

-Ahora, cambiamos de persona y número al dirigirnos a los que estáis leyendo todo esto y escribo estas palabras recien salidas de mi pensamiento porque quiero transmitiros algo sincero y puro.-

Cinezin es más que una web para mi. Es un momento de desconexión total de mi rutina y día a día que me atosigan durante horas para que mi mente descanse y saque de mis profundidades la pasión y el amor por el cine ya sea para escribir una crítica, retocar el diseño, controlar las secciones, etc. Cada crítica que escribo es un pedacito de mi sistema de opiniones acompañado de algo que va más allá de las simples letras, palabras y oraciones. Con esto, pues, quiero agradeceros a todos por entrar de vez en cuando en Cinezin y regalarme involuntariamente un motivo por el que seguir escribiendo con la misma pasión. Sin querer me dais pequeñas dosis de vida para seguir creyendo en este proyecto personal y para todos.

Muchas gracias a todos y a seguir adelante.

Firmado: Arnau Roura, director de Cinezin.

dimarts, 13 de desembre de 2016

Amicus Merlinus sed magis amica veritas


Desde el inicio de la emisión de Merlí en TV3 me veo semanalmente confrontado con aquello en que parece consistir la enseñanza de la filosofía. No sólo por lo que asoma en las pantallas sino muy especialmente por las expectativas que percibo en algunos de mis alumnos en relación a los contenidos y a la manera en que debe desarrollarse una clase de filosofía. De ahí que haya considerado oportuno reflexionar por un instante sobre la popular serie. Obviaré no obstante algunos temas sobre los que sería conveniente discutir. Nada diré acerca de la ausencia prácticamente total de una perspectiva de género en la primera temporada (1) o de la necesidad de ubicar algunas escenas polémicas de la trama (como el robo por parte de Merlí de una copia del examen de catalán) en el pensamiento del autor que da nombre a cada capítulo. Tampoco entraré en lo que me parece un abuso del componente sexual como enganche fácil del público adolescente. Me limitaré a reflexionar sobre la imagen que se ofrece en la serie de la filosofía y de su docencia.
De entrada, cabe señalar que una buena parte del colectivo de profesores de filosofía ve la serie con escepticismo. Valoran que la filosofía pase a un relativo primer plano (en detrimento de los consabidos seriales sobre médicos, policías y científicos forenses norteamericanos), si bien son reticentes con respecto a que la imagen que se ofrece favorezca en algo al mantenimiento de la materia en los futuros planes de estudio. En esta línea, debo reconocer que hay algunos aspectos del personaje que me incomodan. Su talante mesiánico, por ejemplo. Al inicio de la segunda temporada, la manera en que los alumnos reciben a su tutor tras el parón estival se asemeja más al episodio en que Moisés, seguido por el pueblo judío, parte las aguas del Mar Rojo que al inicio del curso escolar. Enerva también la creencia de que con unas pocas palabras se solucionan los conflictos de aquellos alumnos que requieren de una atención especial (la situación familiar de Berta mejora con un retrato, la conflictividad de Pol reconociéndole sus aptitudes filosóficas y la agorafobia de Iván con unos trocitos de longaniza y un par de cervezas).

En este sentido, “un verdadero, necesario, homenaje a los buenos maestros no debería basarse en el agasajo. Habría suficiente con narrar las dificultades diarias y el esfuerzo, invisible, que dedican. Y lo hacen sin, aunque parezca extraño, ser magos artúricos”(2). Ninguna referencia en la serie al laborioso trabajo de enseñar a comprender los nada accesibles textos filosóficos o las horas dedicadas a mejorar la precisión y claridad con que nuestros alumnos definen conceptos y reflexionan por escrito. A Merlí tampoco se le ve corregir, pasar notas o poner comentarios de evaluación. Parece que dar clase es llegar al aula y empezar a hablar sobre aquello de que se supone sabemos alguna cosa, sin preparación alguna. Ni tan sólo sigue un hilo conductor histórico o temático en sus explicaciones. Tampoco utiliza la pizarra, más allá de alguna palabra suelta: aún no hemos visto ningún sumario, esquema, glosario, resumen o mapa conceptual (más allá de los que aparecen en la apertura de la serie).
Si quieres seguir leyendo este artículo lo puedes hacer aquí.
(1): Consúltese el excelente texto de ARNAU, E. y BALLÚS, A. (2015), “Machismo y estereotipos de género en Merlí”, Revista Zena [artículo en línea] [Fecha de consulta 23 de octubre de 2016].
(2): DESCLÓS, T. (2015), “Merlí, professor de pel·lícula”, Diario El País [artículo en línea] [Fecha de consulta 23 de octubre de 2016].

divendres, 2 de desembre de 2016

La censura en el mundo del cómic

¿Qué tienen en común estas tres portadas?



 



















Lo reconozco, no son las portadas que estamos acostumbrados a ver hoy en día. Pueden parecer anticuadas y hasta graciosas. Es más, mucha gente se ha llegado a mofar de dicha etapa de Batman ya que durante esos años perdió toda la oscuridad que le caracteriza en nuestros días. Pero lo que se esconde detrás de estas aventuras tan extravagantes y poco usuales es mucho más complejo.

Si nos fijamos bien, en la parte superior de las tres portadas, a su derecha podemos ver una pequeña etiqueta blanca. En los tres casos es la misma ya que pertenecen a la misma época. Dicha etiqueta dice textualmente: "Approved by Comics Code Authority" (Aprobado por la Autoridad del Código de Cómics).



Y os preguntaréis, ¿qué es dicha institución? Para responder a esa pregunta tendremos que irnos casi 70 años atrás en el tiempo. Estados Unidos vivía la posguerra de la Segunda Guerra Mundial y empezaba la Guerra Fría contra el comunismo. Pero, a ojos de todo el mundo, vivía en una democracia. Los años de censura, siempre asociados a las dictaduras, no parecían asociarse con dicho país. Sin embargo, si eso fuera cierto no estaríamos hablando de la censura en este artículo.

La CCA fue creada en 1954 en consecuencia de los contenidos poco adecuados que mostraban los cómics, según el punto de vista de dicha autoridad. Cabe destacar que si un cómic no estaba aprobado por la CCA se podía sacar a la venta igualmente, pero dicha autoridad tenía mucho peso mediático y si un cómic no se adecuaba a sus reglas, no estaba bien visto y, por tanto, no vendía. Podemos estar delante de no solo una censura por parte de la autoridad, si no una censura aceptada por la sociedad. 

¿Y qué censuraba y qué no? Por ejemplo, se censuraba a los cómics que mostraban a las fuerzas de seguridad como organizaciones poco elaboradas y eficientes. Los villanos no podían ser carismáticos, ya que podían incitar a la población a imitarlos. Entonces, nos encontramos como resultado a villanos muy poco usuales y directamente a malvados procedentes de otros planetas y mundos dignos de películas de ciencia ficción. Un villano de clase alta o económicamente poderoso también estaba mal visto, por tanto, nos encontramos delante de viñetas donde apenas se muestra el dinero como tal. 

Por último, tenemos las censuras típicas de una época conservadora como no mostrar violaciones, no enseñar cuerpos desnudos ni referencias a actos sexuales, no escribir palabras malsonantes, etc. Pero a mí, lo que me resultó más extraño y a la vez surrealista fue un hecho que la CCA estuvo persiguiendo durante casi 20 años. No es casualidad ver que en esos años, los zombies en el mundo de la viñeta americana no existían y es que dicha autoridad no aceptaba ver a muertos vivientes en sus cómics. Como curiosidad, Marvel tiró de pícaro y mostró muertos vivientes en sus aventuras, pero no llamándolos como tal e inventándose un nuevo nombre: "zuvembies". Dichos personajes no eran mostrados como muertos vivientes como tal, si no que según Marvel estaban controlados por la magia negra. La CCA lo pasó por alto y los aprobó. "Hecha la ley, hecha la trampa".


No todo es eterno y la CCA fue perdiendo importancia a medida que pasaban los años. Marvel fue sacando cómics que no eran aprobados por la CCA y se dieron cuenta que como la calidad era buena, la gente lo compraba igual. 
Por tanto, a partir de ahora si veis el Batman de los años 60 peleando con marcianos a la vez que baila no os extrañéis ni culpéis a los redactores por la calidad del cómic, simplemente es lo que la sociedad de su momento quería ver. Por suerte o por desgracia, los cómics han vuelto a sus inicios y la censura ya nos queda lejos.